jueves, 21 de septiembre de 2017

Cataluña: todos a la cárcel.


La crisis catalana podría llegar a situaciones realmente extravagantes, como que los Mossos d'Esquadra detengan al presidente de la Generalitat o que los calabozos policiales se vean ocupados por más de setecientos alcaldes catalanes o por  los miembros de la mesa del Parlament. Ante este peligro, el periodista y escritor Juan Antonio Molina escribe en Nueva Tribuna: “El gobierno de Rajoy, el Tribunal Constitucional y el fiscal general del Estado, reprobado por el Congreso, dan por hecho que el problema catalán es una cuestión de orden público. O algo más que orden público: una degradación del antagonismo a mero delito común. Una situación que puede sembrar inquietud también al otro lado del Ebro por cuanto esta ilegalización de facto de la política en los desarrollos de la vida pública puede tener el oneroso coste democrático de considerar la disparidad o el malestar ciudadano como formas delictivas, cuyo primer paso, fue la famosa ‘ley mordaza’.

“El extrañamiento de la política supone reducir el debate público a un limitado territorio de lo posible, a una carencia real de alternativas, buscando una uniformidad  que saque el problema del formato polémico y lo sitúe en el ámbito de los hechos consumados como razón de Estado. El soberanismo lleva meses anunciando lo que ha hecho y el gobierno llevaba años sin hacer nada para evitarlo, buscando ese estado de sazón del problema donde el acto de gobierno es sustituido por la gestión policial en nombre del poder coercitivo del Estado. Esta degradación del acto político como esencia de los cimientos del sistema produce lo que nos enseña Aristóteles cuando concluye que las fuerzas –pero no los principios– que concurren para promover y conservar la vida son los mismos que pueden destruirla. ¿Cuál va a ser a partir de ahora el papel del Estado en Cataluña? ¿Qué encaje puede tener Cataluña en el Estado español después de estos acontecimientos?... Es la herencia casi intacta del régimen monárquico que desde los Decretos de Nueva Planta y, en especial, durante el siglo liberal y reaccionario del XIX, se hizo incompatible con el pluralismo cultural y político  dentro de la unidad de soberanía del Estado.

“No hay que olvidar, por otro lado, que las Cortes no son el Sinaí, no legislan ab eternum porque, como afirmó Azaña, un pueblo, en cuanto a su organización jurídica-política, es antes de la Constitución, entidad viva. La democracia, según Hobbes, supone en cierto modo una victoria sobre el tiempo porque, a diferencia de los monarcas, la multitud que gobierna nunca muere. Frente a lo que se nos ha hecho creer, la democracia tampoco puede tener un espacio cerrado, pues no cabe en un Parlamento ni en las fronteras de un Estado, sino que existe siempre como el lugar común de esa resistencia, de ese intervalo en el que se afirma el poder de la ciudadanía”.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Cuando Rajoy pidió un referéndum sobre el Estatut de Catalunya.

La viñeta de Ferreras.

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, fue contundente en el discurso del pasado viernes a sus fieles tras la reunión de la Junta Directiva del PP de Catalunya. “No habrá referendum –dijo, convencido–, no lo habrá”. El presidente del Gobierno lleva semanas proclamando a los cuatro vientos que no habrá consulta sobre la independencia de Catalunya. Y escenificó una vez más su repulsa a cualquier cosa que oliera a referéndum. En realidad lo lleva haciendo desde 2011, cuando llegó al poder. Sin embargo, no siempre fue así: hubo un tiempo en el que el PP de Rajoy pedía la celebración de un referéndum sobre Catalunya.

Jorge Otero, de Público, nos recuerda lo que le pasó hace más de diez años. “Fue el 25 de abril de 2006,  cuando Rajoy, entonces líder de la oposición, presentó en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley en la que pedía al Gobierno, presidido entonces por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, la celebración en toda España de un referéndum sobre el nuevo Estatut de Catalunya que poco antes habían pactado por Zapatero y el entonces líder de CiU, Artur Mas. El mismo estatut que sería refrendado por los ciudadanos catalanes, en junio de 2006, y que el PP impugnaría ante el Tribunal Constitucional unas semanas después, en julio de ese mismo año. El mismo Estatut, en suma, que el Constitucional amputaría en una recordada sentencia que tardó cuatro años en alumbrar.

“¿Considera conveniente que España siga siendo una única nación en la que todos sus ciudadanos sean iguales en derechos y obligaciones, así como en el acceso a las prestaciones públicas?”, era la pregunta que el PP pretendía hacer a los ciudadanos españoles. Rajoy calificó su iniciativa de “exquisitamente democrática” y de “exigencia democrática”. Un argumento que ahora utilizan los independentistas catalanes. Rajoy acompañó su demanda de referéndum con cuatro millones de firmas recogidas a lo largo y ancho de toda España y que “llegaron al Congreso en 876 cajas apiladas en palés y transportadas por diez furgonetas”. Para no pocos analistas, en esa recogida de firmas está el origen del actual conflicto entre el Estado y Catalunya.

En aquella primavera de 2006, Rajoy, jefe de la oposición, se recorrió toda la geografía española clamando contra el nuevo Estatut de Autonomía catalán. “Pese a su gira por todo el país despotricando contra el Estatut catalán, Rajoy puso mucho empeño en dejar claro que su propuesta de referéndum no iba contra nadie “sino a favor del sentido común”. Y, en aquel 25 de abril de 2006, lanzó una premonición que explica muchas de sus actuaciones recientes en Catalunya, en especial, la ofensiva judicial con la que está arremetiendo contra los impulsores del referéndum catalán: “Los efectos del nuevo Estatut se verán en los próximos años. El Estado se va a debilitar”, dijo. Pero, nada más llegar a la Moncloa se olvidó del asunto.  “En estos últimos seis años –recuerda Otero –ha podido convocar una consulta, incluso en todo el Estado, pero no ha querido hacerlo”.

martes, 19 de septiembre de 2017

Teatro del Barrio, en Madrid: “Viva la IIIª República española”.

 Teatro del Barrio. Una multidud defiende el derecho a decidir.


El pasado domingo, “La plataforma Madrileñ@s por el derecho a decidir” celebró un acto en el Teatro del Barrio, sito en el corazón madrileño de Lavapiés, que desbordó todas las expectativas.  Era a favor del reféndum de independencia de Cataluña y tenía que celebrarse en un espacio municipal pero fue suspendido por orden judicial, lo que motiva que sea trasladado al Teatro del Barrio, abarrotado de público que llena la misma calle. En el teatro empieza a entrar la prensa, los “mass-media y son tantos que ya casi ocupan totalmente el espacio (el aforo es de 130 plazas). La otra parte es la fila “0”, sanas disidentes que han apoyado la iniciativa desde su creación, y tampoco hay sitio para todos; muchos, la mayoría, se queda en la estrecha calle Zurita, absolutamente llena, a falta de quince minutos para el inicio del acto, que es retransmitido a través de un altavoz instalado afuera para que unas 500 personas agolpadas puedan seguir a los ponentes.

Entre los presentes, Tardá da las gracias al pueblo de Madrid por celebrar este acto y añade sentirse “más madrileño que nunca”. “Es cierto –dice– que estamos improvisando, nadie habría previsto que llegaríamos hasta aquí”. Desmiente ser independista y que añora la República catalana, por lo que grita: “Visca la IIIª República española”. Dos portavoces del Teatro critican la suspensión de “un acto de expresión política” que se iba a celebrar en el Matadero de Madrid, porque, a su juicio, “vulnera por completo el derecho a la libertad de expresión y supone un atropello a los derechos y libertades que tanto costó conseguir”. En la misma línea, el abogado Alberto Arregi muestra su apoyo a la lucha del independentismo catalán y a la celebración de la consulta, pues prohibirla es una “represión de manera brutal”. Y vaticina que “si perdemos esta batalla, vamos a perder todos en el Estado español”. Están también presentes la portavoz del Secretariado Nacional de la CUP, Núria Gibert; el diputado de Junts pel Sí, Eduardo Reyes; la vicepresidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Natàlia Estéve; y el presidente de Omnium, Jordi Cuixart; todos ellos para arropar la consulta soberanista en Cataluña. Mientras, en la calle, vigilada por un fuerte dispositivo policial, cantan proclamas como “¿Dónde están las papeletas?” o “No pasarán”.

También interviene Isabel Serra, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, quien defiende la toma de posiciones ante el callejón sin salida del PP, que bloquea la celebración de cualquier referéndum o consulta. “Muchas veces los avances en derechos son desobediencia ante medidas injustas de quienes no quieren que nada cambie o no quieren escuchar a las mayorías”, explica. Otros poíticos que muestran la cara: el eurodiputado y dirigente de la formación morado, Miguel Urbán, el secretario general de Podem en Cataluña, Albano Dante Fachín, quien mantiene diferencias con la dirección actual encabezada por Pablo Iglesias. “Lo que está pasando hoy y está pasando en Cataluña –dice Dante– debe abrir un debate también en Podemos. Somos una izquierda que vino para romper el régimen del 78. Nuestro manifiesto fundacional que, por cierto, se presentó en esta misma sala, habla de la autodeterminación de los pueblos, pero además habla de que había que apoyar sin fisuras el 9-N. No se entendería que Podemos no apoye el 1-O porque sería renunciar a los principios fundacionales”. Urbán arremete contra “un juez ultraconservador” que con el impulso del PP pretendía prohibir “la apertura de un debate dentro de la sociedad madrileña”. Por su parte, Marta Sibina, diputada de En Comú Podem, manifiesta estar “muy emocionada” por el encuentro de este domingo.  Y afirma: “El derecho nacional va de la mano del derecho a decidir. Queremos decidir todo: qué país queremos, cómo lo queremos, defender la sanidad y la educación…”

Al final del acto, una multitud emocionada entona las estrofas de L’Estaca Lluis Llach, grabadas en un vídeo que finalmente no puede reproducirse por problemas técnicos. Algunos recuerdan a los titiriteros porque un acto en su apoyo y a favor de la libertad de expresión se había celebrado en este mismo teatro. Los independentistas se han topado con un respaldo inesperado y desde las filas de ERC se escucha que no experimentan “todos los días” semejante apoyo fuera de la tierra catalana. El diputado de Podemos en Madrid, Jacinto Morano tilda de “exitosa” la convocatoria. Y apunta: “Que cientos de personas de Madrid, opinen más allá de lo supone la independencia de Cataluña ha sido un ejemplo que demuestra que hay una lucha generalizada por los derechos democráticos, por la libertad de expresión. Ha sido un acto muy festivo y muy alegre”. En Madrid - Por la libertad de expresión-la democracia-el derecho a decidir 17-09-2017